Irene Brusatin

El sueño en los bebés

1. Introducción:

Como mencionábamos en nuestro artículo del número anterior de la revista “Etapas del sueño en el embarazo”, el sueño es un estado fisiológico de autorregulación y reposo uniforme de un organismo. La Organización Mundial de la Salud menciona que dormir no es un placer, sino una necesidad. Rosa Jove (Licenciada en Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona, especializada en psicología clínica infantil y juvenil y en psicopediatría) menciona en su obra “Dormir sin lágrimas” que el sueño es un proceso evolutivo que responde a las necesidades de los seres humanos en cada etapa de la vida. Nos permitimos mencionar en este artículo varios aspectos de interés de esta obra.

Por lo tanto, es necesario tener en cuenta que el sueño de los bebés difiere significativamente del que tenemos los adultos. Entendiendo estas diferencias resulta mucho más fácil adaptarse a la realidad de los bebés y no intentar modificarla.

2. La evolución de los humanos y el recién nacido – el cuarto trimestre del embarazo.
Hace 4 millones de años los ancestros humanos comenzaron a caminar erguidos y cuando esto sucedió, su pelvis se hizo más pequeña para dar lugar a la postura erguida. Hace alrededor de 1,5 millones de años el tamaño del cerebro de los homínidos se duplicó. Por lo tanto, para que el tamaño de la cabeza del bebé se adapte para atravesar la pelvis de la mamá era necesario que naciera antes.
Por ello debemos tener en cuenta que los bebés humanos nacen neurológicamente inmaduros. Sus cerebros no están completamente desarrollados aún. En comparación con cualquier otro mamífero, el bebé humano es extremadamente dependiente de su mamá o de sus cuidadores. Necesita regular su temperatura, ser alimentado con frecuencia y es fácilmente estimulado. 
Según el Dr. Karp (autor de Happiest baby on the block – el bebé más feliz de la cuadra) los bebés recién nacidos tienden a estar más contentos cuando se los trata como en su vida en el vientre materno: si se les carga la mayor parte del tiempo, se los alimenta con frecuencia, mantienen una temperatura agradable, oyen ruido blanco (como un latido del corazón) y se les da la oportunidad de descansar cuando están cansados.

3. El sueño en los recién nacidos y en qué se diferencia del sueño de los adultos. 
Debido a que los humanos somos seres inteligentes, necesitamos madurar, desarrollar y aprender. Los bebés no son la excepción. 
Los adultos tenemos un ciclo circadiano del sueño adquirido y dormimos por la noche. Cada ciclo tiene una duración promedio de aproximadamente 90 a 120 minutos (nos dormimos, nos despertamos, a veces sin darnos cuenta, y nos volvemos a dormir varias veces durante la noche). 
El sueño de un adulto pasa por lo general desde un estadío de sueño ligero hasta uno más profundo de 4 fases no REM (rapid eye movement) para pasar luego a una fase REM, de sueño más ligero en la que se sueña y el cerebro se encuentra más activo, aprendiendo y asimilando los sucesos del día. 
Si consideramos que los bebés duermen la mayor parte del día, tienen escasa actividad física, necesitan ser alimentados con frecuencia, crecer y madurar, y son muy dependientes de sus cuidadores ¿cómo podría ser su sueño? más ligero que en los adultos, caótico (se presenta durante el día y la noche por igual) y bifásico principalmente (de dos fases, sueño REM y sueño tranquilo, a diferencia del sueño del adulto). 
Por consiguiente, es muy necesario saber que los bebés no duermen toda la noche y sería poco saludable que lo hicieran. Sus propias necesidades y el instinto de supervivencia son responsables de este patrón caótico de su sueño y de sus características (mayor sueño REM para favorecer el desarrollo mental). Con el tiempo se va adquiriendo el ritmo circadiano.
Es frecuente que cuando los bebés se duermen en los brazos de sus mamás, papás o cuidadores permanezcan tranquilos y aparenten estar “súper dormidos”, pero cuando se los recuesta en su cuna…automáticamente se despierten.
Cada ciclo de sueño en los bebés es de aproximadamente 45 a 60 minutos en promedio, pero no aprenden aún a volver a dormirse solos o bien, a controlar estos despertares frecuentes. 
El conocimiento y la paciencia de las mamás, papás y cuidadores son la clave en esta etapa de la vida tanto de los bebés como de ellos mismos, al igual que no intentar modificar esta situación. La naturaleza es sabia y todo sucede por alguna razón!.

4. El sueño a partir de los 3 meses de vida y en adelante.
En promedio, hasta pasados los 3 meses de vida aproximadamente es que los bebés comienzan a dormir intervalos más largos durante la noche. 
Atención! Ello no implica que dejen de despertarse durante la noche. 
Entre los 7 y 10 meses de edad es que los bebés adquieren todas las fases que tiene el sueño de los adultos, pero aún se producen despertares y la duración de su sueño no es la misma que en aquéllos. Los despertares nocturnos continúan y puede que conciliar el sueño cueste un poco. 
También es necesario considerar que se pueden presentar períodos que originen estrés y ansiedad en los niños y en su sueño, como por ejemplo entre los 9 y 18 meses de edad con la ansiedad de separación, debido a la angustia de estar lejos de sus mamás, papás o cuidadores; como así también entre los 2 y 3 años de edad, el miedo de perder el cariño de aquéllos debido a posibles “fallas” en el control de sus esfínteres. 
Es aproximadamente a partir de los 6 años de edad cuando el sueño en los niños comienza a tomar las características del de los adultos en cuanto a su cantidad de etapas definidas, cese de siestas y despertares controlados (se adquiere la capacidad de dormirse solo). Mientras tanto…el llanto es comúnmente la forma en que los bebés manifiestan sus necesidades y, en especial, de apego, compañía, contacto físico, hambre, molestias y dolencias.

5. ¿Dejar llorar al bebé para que aprenda a dormirse solo? 
En los últimos tiempos mucho se habla acerca de inconvenientes con el sueño de los bebés, de despertares nocturnos y llantos frecuentes, sin que las mamás, los papás o cuidadores puedan interpretar las razones que los originan (y sin poder dormir ellos tampoco por consiguiente).
También se habla acerca de “solucionar” esta situación mediante la aplicación de “métodos de adiestramiento” o de enseñanza para dormir, pudiendo pasar por dejar al bebé llorar, no dejarlo llorar y métodos de extinción gradual (o ferberización gradual, en alusión al Dr. Ferber) que consisten en responder al llanto del bebé considerando ciertos intervalos de tiempo que se van incrementando y utilizando diferentes estrategias durante la noche. 
Ante todo es necesario tener en consideración que si un bebé llora está manifestando una necesidad. Si la misma no se satisface derivará seguramente en daños físicos y/o psicológicos en el corto y hasta en el mediano y largo plazo. 
Como mencionamos anteriormente, el llanto es la forma conocida por el bebé para manifestar sus necesidades de apego, compañía, contacto físico, hambre, molestias y dolencias, principalmente. Dejarlo llorar no resulta beneficioso para él, sino posiblemente lo sería para mamás, papás y/o cuidadores que necesitan dormir o sienten que este llanto es una señal de manipulación.
No acudir al llamado del bebé no lo convierte en una criatura más independiente, sino que transmite al pequeño el entendimiento de que no merece la atención que requiere.
¿Deberíamos pretender que un bebé aprenda a dormir como lo hace un adulto? Recordemos que aún no lo es.

Revista Mundo Celeste, Junio del 2015, Edición Nº 70
Irene Brusatin 
Certified Baby Planner Consultant (International Academy of Baby Planner Professionals, USA) 
Gerente General de Maternity Consulting
Tel. 6544284 / 981044577 
E-mail: irene.brusatin@maternityconsulting.com.pe 
FanPage: www.facebook.com/maternityconsultingirene

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