Irene Brusatin

Ya no puedo dar de lactar

Esta situación no hace a nadie “menos mamá”. ¿Qué sucede cuando la lactancia se complica por inconvenientes médicos en la mamá?  Es sabido que la lactancia materna es el mejor regalo que una mamá puede darle a su bebé, por los numerosos beneficios que otorga tanto al nuevo ser como a la mamá, no sólo a nivel físico e inmunológico sino también emocional, que sin duda favorece el desarrollo integral del pequeño. Si bien la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé y la introducción de alimentos apropiados para la edad y seguros a partir de entonces, como así también mantener la lactancia materna hasta los 2 años de edad o más, pueden presentarse algunas condiciones médicas en la mamá que hagan necesario suspender temporalmente la lactancia o bien, el destete prematuro en forma definitiva.
Al ser necesaria la prescripción de medicamentos a la mamá, debe considerarse la transferencia de éstos a la leche materna y si podrían provocar consecuencias perjudiciales en la salud del bebé. Por tal motivo, las mamás que se encuentran en esta situación necesitan consultar a su médico tratante y, especialmente al pediatra de su bebé, para saber en qué medida los medicamentos indicados (ya sea para tratar una dolencia temporal o una enfermedad crónica) pueden resultar peligrosos, como así también si hay un período de tiempo en que la lactancia debería interrumpirse o si el tiempo de eliminación de aquéllos del organismo materno hacen necesario cesar la administración de su leche al bebé. Es dable precisar que en muchas ocasiones el hecho de tomar medicación no implica que resulte necesario interrumpir la lactancia. En otras, la misma puede reanudarse sin problemas después de que el inconveniente médico se resuelve, sobre todo si la mamá decide mantener su producción de leche mediante el bombeo o extracción de la misma durante el período de interrupción. Pero lamentablemente, en aquellas circunstancias en que las drogas que debe recibir la mamá generan daños en la salud del bebé, el “destete” se manifiesta como la única opción. Actualmente existen varios recursos de consulta para conocer si determinados medicamentos (y tratamientos) que la mamá debe recibir podrían afectar la salud del bebé. Para citar uno de ellos, la Academia Americana de Pediatría en su Policy Statement denominado “La transferencia de drogas y otros químicos a la leche materna” y actualizaciones, trata el tema de cómo diferentes medicamentos pueden resultar inofensivos o bien, pueden alterar en diferentes maneras la composición de la leche materna y, por consiguiente, afectar la lactancia. No obstante ello, reiteramos que la opinión del pediatra del bebé en cada caso particular es indispensable, y es él quien debe informar a la mamá los pros y los contra de mantener la lactancia o no. ¿Pero más allá de las condiciones médicas, qué sucede con aquella mamá que debe pasar por la experiencia de suspender temporalmente la lactancia o finalizarla? Estas mamás, por lo general, suelen experimentar un sentimiento de pérdida, y pasar por etapas como las siguientes:
  • La negación (¡por supuesto que puedo amamantar!),
  • La ira (¿por qué yo?),
  • La negociación (si pudiera amamantar a mi bebé, no pido más!),
  • La depresión (me siento triste cuando veo a otras mamás que amamantan a sus bebés y yo no puedo) y
  • La aceptación (sé que lo que sucede no es algo que puedo controlar y estoy segura de que hice todo lo que pude…muchos bebés crecen y se desarrollan normalmente alimentándose con leche de fórmula).
Es necesario que estas mamás y sus allegados sean conscientes acerca de estos sentimientos para trabajar en su superación. Es importante también que la mamá trabaje con su médico y el pediatra del bebé para conocer las opciones que podrían hacer que el bebé de todas formas pueda seguir alimentándose con leche materna, tales como: • El uso de extractores de leche (si su problema se da en el acto de amamantar y no hay medicinas que pasen a la leche materna, o bien si afecta su producción de leche), • Acceder a leche de donantes que sí se encuentren en condiciones saludables. Estas y otras opciones deberían ser conocidas y comprendidas adecuadamente por la mamá y su entorno para evaluarlas y decidir la mejor opción. A veces, incluso las mamás que están fuertemente comprometidas con su objetivo de alimentar a sus bebés exclusivamente con su leche, siguen todas las sugerencias o instrucciones, pero sin llegar a tener problemas médicos, no pueden amamantar. En estos casos, ellas deberían tratar de sentirse bien sabiendo que intentaron dar lo mejor a su hijo, mientras que trabajan en aceptar la realidad de la situación, y el hecho de que en ocasiones, los factores escapan de su control, independientemente de cuán intensa y comprometidamente hicieron el intento. De esta manera resulta más fácil seguir el camino y centrarse en hacer frente a los otros aspectos importantes de su propia salud y la de su bebé. La relación madre-hijo será siempre fuerte, intensa, única y con esa conexión sublime que sólo este vínculo brinda. Es necesario estar seguras de que un inconveniente de esta naturaleza no hace a nadie “menos mamá”. La lactancia materna es el recurso que la naturaleza otorga a las mamás no sólo para alimentar al bebé como ninguna otra leche, sino también para inmunizarlo y protegerlo así de muchas enfermedades desde que es un recién nacido en adelante. Brinda muchos beneficios en la salud del bebé y de la mamá, como así también a la sociedad (por ejemplo, reduciendo los costos de atención médica en bebés, ya que la leche materna es el alimento específico para el organismo humano y de mejor digestión) y hasta al medio ambiente (ya que permite reducir la cantidad de plásticos que se utilizan en los biberones). La leche materna siempre está disponible, tiene la temperatura adecuada, brinda el mix óptimo de nutrientes para cada etapa de desarrollo del pequeño, modifica sus propiedades a medida de que éste va creciendo y desarrollando, pasando del calostro u “oro líquido” (como también se lo denomina) de los primeros días posteriores al nacimiento, por su color amarillento; se incrementa en cantidad y varía en densidad y composición a medida de que el bebé lo va necesitando y ahorra las corridas y el tiempo de esterilizar biberones (que no suele ser muy agradable en medio de la noche y del llanto). Pero especialmente me permito destacar lo siguiente…qué sublime es ver la pequeña carita del bebé cuando se alimenta!, se arrulla, se siente seguro, amado y protegido…toma el dedo de su mamá y le regala la mirada más tierna y dulce que jamás ella podrá ver en otro ser…eso es amor!…
CP Irene Brusatin (Universidad de Buenos Aires) Certified Baby Planner (International Maternity & Parenting Institute, USA) CPDPE – Educadora para Padres Certificada en Disciplina Positiva CPDCE – Educadora Certificada en Disciplina Positiva en el Salón de Clases Fundadora de Maternity Consulting – Baby Planner & Parenting Coach E-mail: irene.brusatin@maternityconsulting.com.pe www.maternityconsulting.com.pe | www.vidroop.es/escuela/maternityconsulting

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
WhatsApp chat